Desde hace un tiempo preparo una lista de librerías independientes que me gustaría conocer cuando estoy de visita por alguna ciudad. Osaka no fue la excepción. Sin embargo apareció un nombre que no encajaba del todo con mi búsqueda Nakanoshima Children’s Book Forest. No se trataba de una librería, sino de una biblioteca infantil diseñada por Tadao Ando, arquitecto nacido en Osaka, quien decidió donar su trabajo a la ciudad como un homenaje a la infancia y con una idea poderosa: los libros son alimento para la mente en desarrollo.

La propuesta me resultó tan atractiva que sentí que valía la pena hacer una excepción porque de cualquier manera estaría visitando un lugar con libros 😉

Y así llegamos, una mañana de octubre, al edificio ubicado a orillas del río Dōjima. Ese fue mi primer encuentro con la arquitectura de Tadao Ando y resultó ser una gran sorpresa, una apertura inesperada a un nuevo mundo de conocimiento.

El edificio, de líneas curvas y de impronta brutalista, me dio hizo pensar en un barco amarrado junto al río. En la entrada una manzana verde y enorme era el único objeto de color que rompía el predominio del gris del concreto.

Una vez dentro el espacio pareciera ampliarse por la luminosidad que ingresa desde los grandes ventanales y claraboyas. Las paredes son estanterías de madera clara diseñadas del piso al techo, con una prolijidad y nivel de detalle extremos. Las escaleras se entrecruzan y parecieran formar un pequeño laberinto. Pasarelas y rincones pensados para detenerse a leer convierten el recorrido en una experiencia lúdica, allí me sentí una niña.

A diferencia de otras bibliotecas, aquí los libros no están organizados de manera rígida por edades o géneros. La disposición es libre y abierta, invitando a la exploración, a la curiosidad y al descubrimiento sin consignas para que cada lector, ya sea niño o adulto, lo haga de la forma que prefiera.

El público era variado, muchos niños hojeando y moviéndose con comodidad entre los estantes y las mesas. También me gustó ver a un grupo de mujeres mayores disfrutando del espacio con naturalidad. La biblioteca convertida en lugar de encuentro para todas las edades, un territorio para la comunidad.

Es interesante lo que ocurre durante los viajes, en este caso era la primera vez que escuchaba el nombre Tadao Ando y a partir de ese encuentro con su arquitectura y leer su biografía, pudimos disfrutar de otros edificios en las ciudades donde continuó nuestro recorrido.

Al llegar Takamatsu, en la isla de Shikoku, visitamos Shikoku Mura Open-Air Museum, un museo al aire libre que reúne construcciones tradicionales japonesas (casas, almacenes, puentes) trasladadas y preservadas como testimonio de la arquitectura rural del país. Caminar por ese espacio rodeados de naturaleza fue como recorrer distintas capas del tiempo.

Al subir una colina dentro del predio, apareció una vez más la firma de Tadao Ando: la Shikoku Mura Gallery, un edificio contemporáneo de hormigón conectado con el entorno natural entre senderos y vegetación que contrasta con las construcciones tradicionales que lo rodean pero que a la vez no desentona.

Volvimos a encontrar su trabajo en Naoshima, una isla donde el arte, la arquitectura y la naturaleza se combinan de una manera constante. Visitamos el Benesse House Museum, un espacio donde el concreto, la luz natural y el paisaje se combinan con una armonía sorprendente. En la isla también aparecen otras obras suyas, como el Chichu Art Museum, construido en gran parte bajo tierra, y el Lee Ufan Museum, confirmando esa sensibilidad tan particular con la que Ando trabaja la relación con el entorno.

La arquitectura de Tadao Ando se caracteriza por el uso del hormigón con una precisión geométrica casi perfecta y a la vez una búsqueda constante de la luz y del diálogo con la naturaleza. Me conmovió ese contraste entre la aparente frialdad de los materiales que utiliza y la calidez que uno experimenta al entrar en los espacios que construye. La dinámica entre lo austero y lo sensible, una invitación a detenerse, a mirar con más atención y a dejarse llevar.

Ese primer encuentro con la obra de Tadao Ando en Osaka abrió un foco de atención durante el resto del viaje. Sin buscarlo lo encontré y reconocí su huella en otros paisajes en paredes que contienen el cielo, otras que encuadran el mar, luces y sombras que invitan a bajar el ritmo y contemplar.

Supe además que hay obras de este arquitecto en ciudades del mundo como Chicago, París, Venecia, sólo por mencionar algunas.

Al volver sobre el recorrido por Japón, retomé mi propio diálogo interior y decidí tomar una idea de Oliver Sacks quien identificaba su edad con el elemento que correspondía a la tabla periódica. Busqué el mío y llegué al neodimio, un metal capaz de crear imanes poderosos, de reaccionar a la luz, de transformarse. Decidí llamarlo Elemento 60 🙂

Me di cuenta que la curiosidad me llevó a descubrir una biblioteca en Osaka, a seguir el rastro de un arquitecto por distintas islas de Japón, a dejarme atraer por lo que no estaba en el plan. A confiar en esa fuerza silenciosa que empuja hacia lo desconocido, hacia lo que sorprende y deja huellas.

Notes

Una respuesta a “Tras los pasos de Tadao Ando – In the footsteps of Tadao Ando”

  1. Qué interesante, con un estilo cada vez más pulido e informativo. ¿Cuántos países llevás recorridos ya? Gracias Laura, felicitaciones y saludos a Barnaby.

    Me gusta

Replica a Ricardo Jezzi Cancelar la respuesta

Tendencias