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¿Escuché “Billiken” o fue una ilusión provocada por la combinación de muchas horas de viaje, la humedad y los inesperados 30 grados de Osaka en pleno octubre? Estoy casi segura de que el guía del recorrido gastronómico por Shinsekai dijo una palabra que sonó sospechosamente parecida. Claro que no fue con acento rioplatense, pero alcanzó para que una parte de mí viajara instantáneamente varios miles de kilómetros y unas cuantas décadas hacia atrás.

Cuando planificamos nuestros viajes desde la computadora todo parece sencillo. Creemos que el jet lag será apenas un detalle. Nada más lejos de la realidad. Viajar a Japón desde Estados Unidos fue entrar en un descalabro temporal y al llegar a destino sentí que mi alma se había perdido en alguna escala. Unas horas después comenzó la lucha por vencer al sueño, convencer al cuerpo de seguir y sostener los planes que, en abstracto y sin el peso del jet lag eran más que razonables.

Así estaba yo, en modo avión, suspendida entre husos horarios, formando parte de un tour de comidas y mirando unas figuras sonrientes, similares a budas sentados con sus pies apuntando hacia adelante.

El guía nos invitó a que tocáramos esos piecitos para atraer la buena suerte. Me incliné y vi un cartel en el que decía Billiken. El cansancio desapareció. Volvió la conexión.

¿Se puede explicar una emoción? ¿Puede una palabra despertar un recuerdo que creíamos perdido? Billiken funcionó como un puente inesperado: un nombre familiar y a la vez lejano que unió Osaka con Villa Ballester. En un instante me llevó de la mujer que soy a la nena que pasaba las páginas de aquella revista infantil que mis papás me compraban. Y junto a ese recuerdo el sabor amargo de saber que no podría compartir la experiencia con ellos.

De regreso al hotel quise saber todo sobre Billiken y en especial si existía una conexión entre la revista y esos muñecos sonrientes.

Leí que es la mascota no oficial de Osaka y que la figura nació del trabajo de Florence Pretz, una artista estadounidense de Kansas. No se sabe con exactitud cómo fue que llegó y se hizo popular en esta ciudad japonesa.

Tampoco supe si Constancio Vigil, fundador de la revista Billiken en Argentina en 1919, descubrió al personaje en Kansas o en Osaka. Sin embargo no hay dudas de que se inspiró en esa figura para darle nombre a la revista y la prueba está en la tapa del primer número.

Imagen google

Esta no fue la primera conexión emocional del viaje. Apenas aterrizamos gestionamos el Kansai pass una tarjeta de transporte para turistas y me sorprendió que la imagen que eligieron para ilustrarla fuera la de Astroboy (Atom 鉄腕アトム). Un dibujo animado que había llegado a la Argentina en los años 70 y veía por televisión en la misma época que llegaba a mis manos la revisa Billiken, como así también Anteojito.

No sabía que unos días después en la isla de Naoshima, volvería a encontrarme con este personaje. La casa donde nos alojamos parecía una pequeña galería de arte donde destacaban muñecos de Astroboy, ilustraciones enmarcadas y libros de historietas. Los guiños a mi infancia continuaban.

Siento que viajar es mucho más que planificar itinerarios o tachar lugares de una lista. Viajar es mantenernos atentos, disponibles, con la curiosidad despierta y la disposición a dejarnos sorprender. Y cada vez estoy más convencida de que no hace falta cruzar océanos para que eso ocurra, en la vida cotidiana pueden aparecer hallazgos, encuentros y pequeñas revelaciones si estamos verdaderamente presentes. Para mí es una cuestión de actitud.

Osaka
Osaka
Buenos Aires

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Imagen google

This wasn’t the first emotional connection of the trip. As soon as we landed, we got the Kansai Pass, a transportation card for tourists, and I was surprised that the image they chose to illustrate it was Astroboy (Mighty Atom  鉄腕アトム). It was a cartoon that had come to Argentina in the 1970s, and I watched it on television at the same time that I got my hands on Billiken magazine and Anteojito.

I didn’t know that a few days later on the island of Naoshima, I would meet this character again. The house where we stayed looked like a small art gallery, featuring Astroboy (Mighty Atom) dolls, framed illustrations, and comic books. The reminders of my childhood continued.

Osaka
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Buenos Aires

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