Mi foto en Luján, Buenos Aires, Argentina – Enero 2015

Un día común y una puesta de sol en el campo que lo hizo inolvidable.

Felicitas Plos

Mar del Plata, Argentina – Febrero 2026

Elegí la foto de un cielo oscuro. 

La tomé el 15 de Febrero de 2026, durante el segundo día de la Residencia artística «Cielos Oscuros» de Proyecto la Zona, experiencia guiada por Guadalupe Arriegue, quien nos enseñó a mirar la oscuridad.

Mirar la oscuridad me trajo alivio y relajación en el cuerpo. Algo me resultó familiar, como si todas mis células se reconocieran en esa lejanía que observaba con mis ojos y más tarde, con el telescopio. Fue muy fuerte la sensación de sentirme viva, de sentirme parte. La experiencia de la vida arriba, la experiencia de la vida abajo, en conexión.  

Me di cuenta que todas estas sensaciones nuevas y extrañas, se sentían bien diferente a las que sentía caminando por el bosque o disfrutando de la playa. Y lejos de descompensarme, como podría pasarme mirando el vaivén del océano, ese 15 de Febrero, me sentí acunada por el cielo y su manto negro. Recuperé vitalidad, después de todo, ya lo dijo Carl Sagan, «somos polvos de estrellas».  

Fue un hallazgo cuando, después de absorber toda ésta conexión interestelar, en un momento Eureka!, ubiqué las Pléyades. Siempre había visto a «las Tres Marías» ( que están más arriba, en el cinturón de Orión), pero nunca había visto «más abajo», a ese cúmulo de estrellas azules que el ojo humano logra distinguir siete. 

Las Pléyades tienen tantos mitos y rezos que no es casualidad que formen parte de los primeros calendarios de los Mayas y los Egipcios. Muchas cosas se dicen de ellas. Una es que al verlas, comienza un período de siembras y cosechas (depende de la cultura y el hemisferio). Otra, la versión de los Lakota, es que allí está la morada de nuestros ancestros y ancestras, el lugar al que van nuestros seres queridos. Por último, hay quienes perciben a los seres intergalácticos llamados Pleyadianos,  seres que vibran en la frecuencia del amor y que nos visitan en sueños y nos curan a través de cuarzos. 

Creo que todos podemos creer en lo que queramos pero hablar con cielo, ay!, hablar con el cielo es una cosa que nos puede pasar a todos. Una cosa que tenemos que recuperar (sobre todo si vivimos rodeados de edificios). Basta sentarse en el piso, sobre una frazada, y usar los ojos. Pestañear varias veces y dejarse llevar jugando con los puntos brillantes como si fueran lunares en el cuerpo de un amante. Con solo saber que el idioma que nos une al misterio está hecho de luz y de oscuridad, es suficiente. 

José Meriles

Córdoba, Argentina – Septiembre 2018

También pruebo con un viaje.

Le explico que iremos en avión para llegar bien rápido. 

Sonríe mientras se abraza a su robot parlante. 

Y me pregunta si allá en el cielo, 

tan alto, 

nos encontraremos con alguno de nuestros muertos conocidos. 

Osvaldo Palau

Buenos Aires. Argentina – Julio 2026

En mi cielo se refleja la luz de mi espacio propio, personal, donde mis sueños ocurren y se plasman. Al bajar el sol, se prenden las musas que inspiran canciones, lo oscuro transmuta en creación luminosa. Estos atardeceres me acompañan, como un regalo de la vida.

Rox Gnoa

Ranchos, Buenos Aires, Argentina – Octubre 2024

Lo efímero también es eterno.

Silvia Rodríguez

Pilar, Buenos Aires, Argentina – Julio 2026

El cielo es fascinante

a veces claro y radiante

y otras

encapotado y gris

como la Vida misma.

Laury Salinas

Cala Salada, Ibiza, España – Agosto 2025

Vi un atardecer en una playa de Ibiza

no podía entender si el cielo se derretía sobre el agua 

o si el mar lo tragaba con su boca infinita y húmeda  

la única referencia era un pequeño bote

haciendo equilibrio delante del sol 

mientras trataba de captar con un click la irreverencia

dos chicas hablaban a mis espaldas  ¿Cómo podría yo

llamarles la atención si lo que sucedía les era indiferente?

Pablo Etchevers

La Paz, Entre Rios, Argentina – Julio 2026

Cielo del día después de que Messi le ganó a los ingleses.

… es como que les dejó media empanada para cada uno, dijo el escribano. Poco pero algo, agregó. Medía empanada para cada uno, y que cada cuál haga con su parte lo que quiera, lo que se le ocurra. Capaz que pensás que mi mitad es mejor que la tuya. O que te tocó la mejor mitad. Con el tiempo se aprende que no hay mitades, ni partes, y que lo que toca toca, como me dijo un carnicero boliviano cuando en Potosí, de vacaciones fuimos a comprarle un kilo de vacío y otro de asado. Lo que toca toca, dijo. Todo es carne, sentenció. Medía empanada para cada uno, dijo el carnicero. Perdón, dijo el escribano.

Guillermo Pulleiro

Buenos Aires, Argentina – Julio 2026

Mi cielo no es un cielo. Es una trama vegetal celestial, o un cielo arbóreo. Lo que te guste. No es ni uno, ni lo otro; es los dos, al mismo tiempo. Te abraza desde sus ramas fundidas en lo alto, y te entrega sus rayos de sol filtrados y distorsionados. Te invita a ver un cielo en parches, y te esconde bajo la arbórea manta. Te protege, pero no te asfixia. Se abre, pero te contiene.
Me gusta pensarlo como una unidad mestiza, como un momento mágico siempre cambiante, como elementos de distinta naturaleza en una tensión que no está destinada a resolverse.
Me espera cada mañana, al comenzar el día, en la calle Manuel Ugarte entre Amenábar y Ciudad de la Paz.

Sofía Maiorano

Solís, Buenos Aires – 2019

Ese día el cielo fue reflejo de lo acontecido. La oscuridad antes de cerrarse por completo, nos regaló un poco de luz.

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